Moana, la mejor película de Disney hasta el momento

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Disney ha mantenido, por casi 80 años, su peculiar tradición de convertir cuentos fantásticos en películas accesibles para toda la familia. La fórmula se mantiene: están las canciones, la “princesa” dando un nuevo sentido a su vida, y el compañero entrañable. Es por ello que Moana, su más reciente producción, se siente tan familiar.

Si pudiéramos establecer similitudes directas, Enredados, sin duda ofrece la mejor comparación. Rapunzel y Moana tienen en común su inocencia; pero también su valentía y amor por aprender todas aquellas cosas que sus padres sobreprotectores les han impedido ver.

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Ambas desafían la comodidad de su hogar para emprender una búsqueda de sí mismas. Y ambas lo hacen recurriendo a un hombre más experimentado, quien las tiene por poco hasta que demuestran que son mujeres capaces de lograr sus objetivos.

Moana y Enredados, junto con el resto de las películas de Disney, tienen un punto donde se separan: La ejecución de la obra y del “esquema Disney”. Es como si todas las historias anteriores hubiesen sido un experimento para llegar al grado de perfección logrado por Moana.

Moana logra captar la atención de los espectadores

La película sigue la trama esperada. Sin embargo, cada secuencia logra su cometido de tocarnos el corazón, ya sea con humor, asombro, o ternura. Todo está ahí, de una manera tan sutil e impecable que pareciera que esta fuera la película que realmente intentaban hacer desde 1937.

La historia, por supuesto, tiene mucho que ver en el impacto de la película. Hay una buena razón por la que Disney sigue volviendo una y otra vez a los cuentos de hadas; y es que es imposible no sentirse identificado con un protagonista lleno de motivación y buena voluntad, que triunfa en un mundo que parece diseñado para hacerlo fallar.

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Los más pequeños de la casa logran satisfacer su hambre de heroísmo, mientras que los más grandes descubrimos un ideal que pocas veces vemos en la vida real.

Si añadimos películas como Mulan, o Pocahontas a la comparación, podemos ver que Moana no sólo sigue adelante por su propia fuerza, sino que se ayuda en sus tradiciones, su cultura y sus valores. De hecho, Moana ha resultado sorprendentemente respetuosa del mundo y la cultura que evoca. Está libre de estereotipos absurdos, y los directores han cuidado mucho de representar apropiadamente los mitos y cultura que presentan.

Disney logra juntar gran cantidad de sentimientos y cracterísticas en un sola película

En un mundo donde la diversidad es un tema tan delicado, poder decir que Moana se siente espontanea, divertida y hermosa, es mucho. Incluso el movimiento de los personajes, basado en danzas tradicionales polinesias y samoanas, se siente natural.

El humor, por su parte, complementa perfectamente a los protagonistas. La música toma elementos de los tambores y coros polinesios, para lograr una experiencia gratificante, casi hipnótica. Es el tipo de película de la cual sales tarareando sus melodías.

Moana se siente como la cúspide de un lento proceso de adaptación llevado a cabo por Disney. El camino ha sido largo, pero el resultado es increíble. Lo mismo aplica para las “princesas”. Moana, incluso con su figura “ideal”, sigue siendo un personaje creíble, lleno de fallas que reconoce y lucha por superar. Es fácil sentirse cautivado por un personaje capaz de asombrarnos incluso cuando está fallando en lograr lo que quiere.

Uno de los puntos fuertes de la historia, respecto al desarrollo de personajes, es la relación entre Moana y Maui. Es refrescante, y relajante, ver que no existe una trama romántica entre ellos, considerando lo inhumano e inmortal que es el semidios Maui.

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Moana se trata de patrones familiares, refinados hasta su máxima expresión. Las situaciones han sido escogidas apropiadamente para presentar una historia con peso y sentido. Moana funciona porque se ha escogido todo lo que funcionó en películas anteriores, y se mejoró lo que no.

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